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martes, 30 de octubre de 2007

El devenir de un libro


Escuché una vez al profesor Manuel Fernández Álvarez en un seminario relatar como el éxito del Quijote se debe en buena medida al interés de una embajada francesa que, buscando las últimas novedades literarias en España, habría acudido a preguntar a la sede de la Inquisición en Toledo, en donde habría recibido la noticia del Quijote.

El mundo editorial es buen ejemplo de que el devenir de las cosas pasa por relaciones insondables. Por ejemplo:

¿Quién ha oído hoy hablar del libro de Depéret que mencionabamos en las entradas anteriores?.

¿Quién ha tenido en sus manos un texto de Edward Cope o de Albert Gaudry?. ¿Cuántas ediciones de los mismos se han hecho en los últimos cien años?. ¿Acaso son sus aportaciones a la Paleontología y al estudio de la evolución nada en comparación con la que en apariencia sería obra por excelencia, pieza clave de todas las teorías evolutivas, traducida a todos los idiomas y editada en todos los formatos que es la obra de Darwin?. ¿Qué contiene, pues, ésta que, a lo largo de los años habrá pasado por obra magna?. ¿Acaso su relato de la Selección Artificial en granjas aporta algo fundamental al estudio científico de la evolución?. O,…¿ tal vez su valor reside en los detalles del relato de la exploración de Darwin?. Si así fuese: ¿Qué contiene que la haga diferente de los relatos de los viajeros y naturalistas, algunos inéditos, otros ni tan siquiera escritos formalmente y en su mayoría desconocidos?. ¿Quién, en España, sabe decir hoy una palabra acerca de la Comisión Científica del Pacífico (1862-1869), o de Marcos Jiménez de la Espada? ¿Habrían descubierto algo estos señores digno de nuestro interés?, o,.....¿acaso por un azar misterioso el hecho de descubrir cosas en las exploraciones habría sido reservado a Darwin?.

Pues bien, la obra de Darwin fue potenciada por avatares de la historia que poco tienen que ver con su interés científico y, sobre todo porque propugnaba un modelo competitivo en la naturaleza, que era el que convenía a una sociedad materialista en la que el trabajo y la competición se establecían como fundamentos de convivencia. La obra de Darwin no se ha divulgado por su calidad y su rigor científico, ni por su contribución al conocimiento de la evolución, ya que muchas obras de gran calidad y rigor y conteniendo valiosas contribuciones no han tenido tal divulgación. Tampoco por la genialidad intrínseca de su autor, tan repetida por sus aduladores, cuya inexistencia se prueba por sí misma al leer párrafos de la obra “El origen del hombre”, sino por motivos de otra índole. Por la conveniencia de mantener en pie y difundir una ideología, un modo de interpretar la naturaleza y el mundo, no científico sino dogmático y no carente de amplias y profundas repercusiones sociales. Por el mismo motivo, la obra de Depéret ha permanecido olvidada, acumulando polvo en librerias poco frecuentadas.


lunes, 29 de octubre de 2007

Una sana teoría II




Esta entrada es continuación de la anterior. Ambas contienen un comentario del libro "Les transformations du monde animal”, de Charles Depéret (1854-1929; en la imagen de arriba). El comentario es parte del libro titulado "Treinta y tantos libros y un prólogo abierto para una nueva biología”, que será publicado en 2008 por Ediciones Crimentales. Otros comentarios que forman parte de este libro son el del libro "Filosofía Zoológica" de Lamarck, por Máximo Sandín y el comentario del Libro "Pensando la evolución, pensando la vida"de Máximo Sandín, por Emilio Cervantes, titulado "Remedios para la frustración".




La inaptitud de las formas especializadas de Edward Cope (1840-1897; en la imagen), ilustrada mediante su análisis de la evolución de los vertebrados, permanece casi olvidada en una época en la que lo principal es el positivismo que consiste en suministrar una explicación para todo aquello que nos maravilla ignorando lo que no vemos. Pero la naturaleza opera muchas veces en silencio y, formas en apariencia menos vistosas, pueden resultar a menudo más eficaces.

Albert Gaudry es uno de los últimos paleontólogos de la escuela francesa. Entre 1878 y 1890 apareció su obra magna en tres volúmenes: “Les enchâinements du monde animal” en la que aplica todo el conocimiento de la paleontología al estudio de los cambios de la fauna. Si en un sentido estrictamente profesional su obra no es absolutamente genial, su “Essay de Paleontologie philosophique”, publicado a continuación, es un ejemplo de claridad en la exposición y estilo asociados con el esfuerzo visible de hacerse comprender; cualidades todas ellas que, a partir de la segunda década del siglo XX, brillarán por su ausencia.

Karl von Zittel expresó : “La science aspire avant tout a la verité. Plus nous serons convaincus de la fragilité de la base de nos connaissances theoriques, plus nous devrons tendre a les consolider par des faits et des observations nouvelles" y el comentario de Déperet que sigue a esta frase es :

"Sages conseils que feraient bien de méditer et de suivre les paleontologistes a l’esprit aventureux, enclins a construire, avec une hâte febrile, des arbres genealogiques sans nombre, donc les troncs pourris, suivant l’expression imaginée de Ruteimeyer, aussitôt demolis que dressés, jonchent le sol de la fôret et en rendent l’accés plus difficile pour les progrés de l’avenir" .




Depéret, Ch. 1929. Les transformations du monde animal. Eds Flammarion, Paris.



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viernes, 26 de octubre de 2007

Una sana teoría I



El comentario del libro « Les transformations du monde animal”, de Charles Depéret (1929) que se presenta en esta entrada y en la siguiente, es parte de un libro titulado « Treinta y tantos libros y un prólogo abierto para una nueva biología”, que será publicado en 2008 por Ediciones Crimentales. Otros comentarios que forman parte de este libro son el del libro "Filosofía Zoológica" de Lamarck, por Máximo Sandín y el comentario del Libro "Pensando la evolución, pensando la vida"de Máximo Sandín, por Emilio Cervantes, titulado "Remedios para la frustración".



Charles Depéret (1854-1929), geólogo y paleontólogo, decano de la Facultad de Ciencias de Lyon y miembro de l'Académie des Sciences de Francia, publicó este libro en el año de su fallecimiento. Este importante detalle otorga al libro un paralelismo con el libro de Gould, anteriormente comentado y publicado también en la proximidad de la muerte de su autor. Ambos podrían ser considerados como exponentes de la paleontología de sus respectivas épocas. Mucho más humilde, clara, serena y reposada la escritura de Déperet que la de Gould. Ésta, a cambio, mucho más arrogante, ambiciosa y confusa.


Observado esto, la pregunta es inevitable: ¿Qué ha ocurrido en los setenta y tantos años que median entre la época de Depéret y la de Gould?. Evidentemente, en esos años han ocurrido muchas cosas. Una gran guerra y el asentamiento de un nuevo equilibrio de poder en el mundo entre otras. Pero semejante lapso de tiempo es, según Ortega y Gasset el justo para el desarrollo de una generación intermedia. ¿Qué encontramos acerca del tema que ocupa ambos libros, es decir la evolución, en la generación intermedia, o sea entre 1929 (Depéret) y 2002 (Gould)?. Curiosamente, encontramos documentos interesantes. Por ejemplo, el libro de Dobzhansky titulado “Genetics of the Evolutionary Process” (1970) y el de éste autor con Ayala, Stebbins y Valentine, titulado “Evolution” de 1977. Entre ambos, la frase ya mencionada y criticada desde el punto de vista actual (“En Biología nada tiene sentido si no se considera bajo el prisma de la evolución”; 1973). Lo que ha ocurrido en la distancia que media entre uno y otro autor es la generación del paradigma neo-darwinista que ha venido a introducir a presión la Selección Natural (o mejor dicho, directamente confusión) en el incipiente panorama de la Biología. A hacer de la maravillosa disciplina de la evolución, un cúmulo de pretensión queriendo que el público vea la poderosa disciplina de la Biología Molecular, intachablemente experimental, dirigida por el dogma de la tautología darwinista (aquí todo será competición).

En el libro de Depéret se presentan paulatina e impecablemente cada uno de los autores que han contribuido al estudio de la Evolución. El reparto es más equitativo y ponderado que ningún otro visto desde entonces y por sus páginas desfilan a través de un espacio justamente repartido un elenco de autores e ideas: Buffon, Goethe, Oken, Cuvier, Lamarck, Saint-Hilaire, Darwin, Haeckel, Neumayr (la principal cuestión en evolución es la variabilidad de las especies; El problema de la aparición de la vida siempre quedará fuera de nuestro campo de estudio), Edouard Cope (La supervivencia del más apto no es el origen del más apto; doctrina de la no-especialización), Albert Gaudry, Karl von Zittel. Mencionemos brevemente alguna idea en relación con los tres últimos autores citados.