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jueves, 15 de noviembre de 2007

Aplicación del pensamiento de Ortega en Biología: Unamuno.


Pregunto: ¿Tiene algo que ver lo que decía Ortega en la entrada anterior acerca de la vida con la biología?.

¿A dónde debe orientarse el quehacer del biólogo hoy?.

Paradójicamente, la respuesta no viene de un biólogo, sino de otro filósofo.

Dice Unamuno:

“Si, si, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilización, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes fábricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo eso y quedará, ¿para quién? ¿Se hizo el hombre para la ciencia, o se hizo la ciencia para el hombre?.”


La conciencia humana ha de estar siempre por encima de la ciencia y de la tecnología. Ambas han de obedecer a un criterio humanista y moral:

“¿He de volver a hablaros de la suprema vaciedad de la cultura, de la ciencia, del arte, del bien, de la verdad, de la belleza, de la justicia….., de todas estas hermosas concepciones, si al fin y al cabo, dentro de cuatro días o dentro de cuatro millones de siglos-que para el caso es igual-, no ha de existir conciencia humana que reciba la cultura, la ciencia, el arte, el bien, la verdad, la justicia y todo lo demás así?”

sábado, 13 de octubre de 2007

Las tres ciencias

Ilustra esta entrada el cuadro de Rubens titulado “Las tres gracias”. Tres hermosas damas muestran sus rotundas formas al gusto de la época en un dinamismo ciertamente equilibrado. El parecido entre las tres damas sugiere una alimentación y un metabolismo similares. Ninguna de ellas habrá robado el alimento de las otras dos.

La palabra “Ciencia” tiene hoy múltiples acepciones. Entre ellas, escogemos tres que, como el cuadro de Rubens, bailan también al unísono; pero en este caso, intentando ocultar una discrepancia manifiesta:

1. Ciencia, en el sentido clásico o antiguo del término, se refiere a todo el conocimiento que tenemos del mundo. En este sentido la Ciencia es equivalente a Conocimiento, y la disciplina predominante, la Filosofía. Hombres de Ciencia eran Aristóteles, San Agustín y San Alberto Magno. Hoy, esta acepción de la palabra es minoritaria y a nivel académico casi se extinguió en el siglo XIX. El gusto por esta Ciencia permanece más bien en algunos humanistas ya de edad madura aficionados a las librerías de viejo entre los que tiende a existir una notable complicidad y pueden establecerse excelentes relaciones de amistad. La Ciencia se ha especializado.
2. Ciencia en el sentido de Ciencia Experimental. Es todo conocimiento obtenido a partir del método empírico, inductivo. Es decir, experimentación. El Método Científico, prefigurado por Leonardo da Vinci y más adelante por Galileo, Francis Bacon y Descartes, alcanza momentos de esplendor en la Química a lo largo de los siglos XVIII y XIX, en la Fisiología de Claude Bernard y en la Bioquímica del siglo XX. Ambas acepciones, la 1 y la 2 se solapan porque la diferencia entre experimentación y observación no es siempre fácil de establecer. Pero la Ciencia Experimental, aunque todavía se da para responder a preguntas fundamentales, se asocia con la especialización.
3. La Ciencia que se ha dado en llamar “Mercantilizada”, que adquiere su esplendor a finales del siglo XX y que busca más obtener aplicaciones que responder a preguntas. Aunque ésta separación es esquemática, ilustra diferentes acepciones de una palabra que conviven en la actualidad y que hacen difícil la comunicación porque si en un científico se da un planteamiento con objetivos comerciales o empresariales, será muy difícil que por esa vía se obtengan respuestas a preguntas planteadas rigurosamente, simplemente porque no se estarán dando tales planteamientos.
En el cuadro de la Ciencia actual, a diferencia del de Rubens, una Ciencia se quedará muy delgada (la Primera) porque la tercera se estará nutriendo a sus expensas.

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jueves, 11 de octubre de 2007

Las palabras y las cosas






El lenguaje determina y marca nuestra relación con el mundo. Por eso muchos filósofos han destacado la importancia que tiene una correspondencia limpia entre las palabras y las cosas.

Enrique Lynch, en su libro “Dionisio dormido sobre un tigre”, una crítica de Nietzsche y su teoría del lenguaje, dice:

Los grandes sistemas del pasado se apoyan, piensa en el fondo Nietzsche, en la supremacía de lo literal sobre lo figurado: y la literalidad presupone correspondencia entre el mundo de los nombres y el mundo de las cosas


Y también:

El lenguaje de los símbolos y lo construido con ellos tienden a usurpar el lugar de las cosas.Los hombres inventaron el mundo al ponerle nombre las cosas y luego olvidaron su gesto; y , asimismo, inventaron el lenguaje y, tras olvidar que era su obra, creyeron que este se creaba a partir de ella.Lo que se ha escamoteado es lo propio y esencial de la cosa. En su lugar está la apariencia de la cosa. La apariencia es, en concreto, la sustitución de la cosa por aquello que la simboliza; para el caso del lenguaje: el nombre.



Refiriéndose ya a la Historia Natural, Michel Foucault en su libro titulado “Las palabras y las cosas” (Una arqueología del saber), dice:

La historia natural no será un lenguaje bien hecho mas que si el juego está cerrado: si la exactitud descriptiva hace de toda proposición una correspondencia constante con lo real (si es posible siempre atribuir a la representación lo que en ella se articula) y si la designación de cada ser indica de pleno derecho el lugar que ocupa en la disposición general del conjunto.


Hoy, la Biología dista mucho, pero verdaderamente mucho, de emplear un lenguaje bien hecho. Hemos de empezar forzosamente por reconocer que existen términos, palabras, que son muy importantes pero que carecen en absoluto de una definición adecuada (vida, especie). Quizás esto ocurre porque entraron en circulación de manera atropellada, o porque tienen su origen en una época en que aspectos fundamentales del pensamiento eran diferentes, de manera que hoy no los entendemos.
Otras palabras son también muy importantes pero se utilizan con ambigüedad: Ciencia, Teoría, Biología. Sin una definición precisa de estas palabras, o, al menos el reconocimiento de que tienen distintos significados y el saber qué significado sirve en cada momento del discurso; sin estas premisas, será imposible conocer qué es la biología y cuál su relación con la vida.

jueves, 4 de octubre de 2007

Selección Natural




La idea central del darwinismo es una pura tautología, ni más ni menos. A partir de ella es imposible avanzar con un planteamiento metódico y quedamos condenados a dar giros sin fin como los personajes de la imágen hacen en este antiguo juego.


En esencia, dicha idea, se encuentra contenida en el título del libro más famoso de Darwin: "Sobre la Evolución de las Especies por Selección Natural" ("On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life"). La idea de que las especies evolucionan por selección natural equivale al siguiente silogismo:

Pr Mayor: Solo algunos sobreviven
Pr menor: Los más aptos son los que sobreviven
Concl: Los que sobreviven son los más aptos

El razonamiento aquí no es inductivo ni deductivo, ni de ningún otro tipo, puesto que no existe. No hay avance alguno en el conocimiento y nos encontramos ante una mera tautología. Cada una de sus dos premisas es una identidad en sí misma e identica a la otra (sobrevivir implica que no todos lo hacen; sobrevivir implica aptitud para sobrevivir) y la conclusión es, igualmente, otra pura identidad (precisamente son los más aptos por ser los que sobreviven). La razón se ha esfumado dejando un planteamiento hueco o laberinto de sinónimos. La conclusión, una obviedad, una frase autoafirmativa (la luz es lo que ilumina, la rueda lo que gira, la verdad lo que es cierto). Verdades de Perogrullo, volantum ludus, giros del tiovivo. No hay avance alguno.

A pesar de la opinión en contra de multitud de científicos y filósofos del siglo XIX, XX y XXI (en español y en inglés), esta tautología se ha mantenido como una Teoría fundamental de la Ciencia. Cinco siglos antes habría hecho reír a cualquier estudiante quinceañero de la Cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca. Las carcajadas se habrían escuchado entonces desde aquí hasta Lima.

Pero,.............. no preocuparse, puesto que para todo hay solución. el propio Darwin nos la da al final del capítulo III titulado, como no, "Struggle for existence” (Contienda por la existencia):


"When we reflect on this struggle, we may console ourselves with the full belief, that the war of nature is not incessant, that no fear is felt, that death is generally prompt, and that the vigorous, the healthy, and the happy survive and multiply."

Que me permito traducir:


"Cuando reflexionamos acerca de esta contienda, podemos consolarnos a nosotros mismos con la plena creencia, de que la guerra de la naturaleza no es incesante, que no se siente miedo, que la muerte llega en general pronto, y que los vigorosos, los sanos y los felices, sobreviven y se multiplican."

Convencido de que esto no puede ser cierto, porque nadie en su sano juicio habría podido llamar a esto Ciencia a través de todo el siglo XX, me quedo con la duda de si en algún momento, al menos al final del capítulo, no tuvo Darwin razón y son, ciertamente, los felices los que sobreviven y se multiplican y que ellos son felices precisamente por no ver la realidad ni dejar que la realidad inquiete sus fantasias. Puede ser, pero esa felicidad que anhela Darwin no es otra que el fin de la Ciencia.

lunes, 17 de septiembre de 2007

El conocimiento se basa en la creencia


Existen dos maneras de llegar a esta conclusión. La primera mediante la introspección; la segunda, que es la que utilizamos habitualmente, confiando en lo que han dicho antes que nosotros, otras personas a quienes otorgamos nuestra confianza.
A mi parecer, la mejor manera de entender que todo el conocimiento se basa en la creencia es la primera, la introspectiva. O sea, una especie de prueba mental a la que cada vez estamos menos acostumbrados, porque cada vez debemos más confiar en lo que se nos enseña (bueno, ¡esto es justamente lo que se nos enseña!). No obstante, para los partidarios de la segunda, una cita de Ortega y Gasset, que ya he usado anteriormente:
Al descender por debajo del conocimiento mismo, por tanto, de la ciencia como hecho genérico y descubrir la función vital que la inspira y moviliza, nos encontramos con que no es sino una forma especial de otra función más decisiva y básica-la creencia.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

El conocimiento es siempre incompleto




En 1873, Paul Cézanne pintó este grupo de casas en Auvers. Diecisiete años más tarde, Vincent van Gogh pintó el mismo grupo de casas (abajo). Ambos cuadros son representaciones del mismo objeto desde diferentes puntos de vista. Como representaciones de la realidad que son, ambos son incompletos.






Por ser una representación, el conocimiento siempre es parcial. Es incapaz de comprender todos los elementos de la realidad y sus interacciones. En ese intento, el conocimiento moderno, necesita separar sus objetos, pero toda división del mundo en objetos es arbitraria.

Por eso, la humildad, el reconocimiento de la ignorancia es un aspecto fundamental de la filosofía y de la ciencia.