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miércoles, 23 de mayo de 2012

Ese suspenso impuesto al espíritu




La vida, en su fisionomía llamada real, sólo se puede determinar mediante un alejamiento de la vida, mediante un suspenso impuesto al espíritu; pero la realidad no está allí. No hay, pues, que venir a fastidiarnos en espíritu a nosotros, que apuntamos a cierta eternidad superreal, a nosotros que desde hace ya tiempo no nos consideramos del presente y somos para nosotros como nuestras sombras reales.

Antonin Artaud. Carta a los poderes. 1925.  Transcripción: VosYa SabésQuién. Biblioteca Ignoria.
Imagen: Autorretrato de 1946.  De: album de fotos de Antonin Artaud en La Máquina del Tiempo.

jueves, 14 de octubre de 2010

Anclados en el espacio intemporal de la mediocridad


Cuando se examinan periódicos y revistas de una época que ha quedado lo bastante atrás como para que sólo un número muy reducido de sus protagonistas haya llegado a nuestro conocimiento, nunca deja de sorprender la falta de acoplamiento entre lo que fue y lo que será, entre lo que entonces se vivió y lo que mucho después se aprecia de su vida. Los personajes que nos han enseñado a considerar como representativos de su momento apenas aparecen en esas páginas, dedicadas con exuberante generosidad a otros que el olvido ha sepultado en las hemerotecas, y los grandes monumentos del arte, la ciencia, la cultura y la política que la posteridad considerará como los imprescindibles precedentes y eslabones de la evolución y el progreso no tendrán, ni mucho menos, la resonancia y el reconocimiento público de una mediocridad oficial que en todos los terrenos forma el gusto de la época y el acomodo de la sociedad con su tiempo.

De ahí me permito extraer dos conclusiones, que no siempre son tenidas en cuenta a la hora de escribir la historia: la primera es que –con las obligadas excepciones de las que casi siempre es responsable un hombre excepcional- la figura que la posteridad acabará por designar como representantiva de su momento apenas aparece en su época y solamente será merecedora de ese póstumo título cunado la representación de su época ha concluido, sustituida por otra de caracteres externos muy distintos; la sociedad -se deduce de ello- está dominada por su propia inercia y no delega su representación más que en aquel a quien ella designa para ello, aunque sea a costa del menosprecio de unos valores más duraderos - pero más secretos- que los oficiales. Sólo cuando muere y concluye su representación puede el historiador designar a un protagonista muy diferente, que en su día apenas salió a escena y para hacer un papel secundario.

La segunda conclusión es que la figura elegida por la posteridad como representativa de su momento fue, la más de las veces, tan oscura que no representó nada. Sirve- en cambio- para la reconstrucción histórica del momento y en la medida en que para esa función no es posible echar mano de los protagonistas de entonces porque apenas dicen nada al oído moderno. En otras palabras el “Paris de Baudelaire” no fue de Baudelaire, ni de Kafka fue la “Praga de Kafka”, ni de Wittgenstein la “Viena de Wittgenstein”; por supuesto que eran de otros que no han sobrevivido a su tiempo y que de ser de nuevo instalados en la escena y obligados a repetir su papel convertirían la historia en un cuento insulso, aburrido y nada ilustrativo, anclado en el espacio intemporal de la mediocridad.

Juan Benet. El Madrid de Eloy. P 68-69 en Otoño en Madrid hacia 1950.2ª ed. Alianza Editorial, 2003.

miércoles, 23 de enero de 2008

La dama del caballero andante


………………..Otras muchas veces lo he dicho y ahora lo vuelvo a decir que el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento, y la sombra sin cuerpo de quien se cause.

- No hay más que decir -dijo la duquesa-; pero si , con todo eso hemos de dar crédito a la historia que del señor don Quijote de pocos días a esta parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, de ella se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuestra merced ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuestra merced la engendró y parió en su entendimiento , y la pintó con todas aquellas gracias y perfecciones que quiso.

- En eso hay mucho que decir,-respondió don Quijote-. Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y estas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada y, finalmente, alta por linaje…………..
Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Objeto y contenido: El conocimiento como representación.




El objeto de la Filosofía es el Ser. El objeto de la Biología es la vida (los seres vivos). El contenido de la Filosofía es el conocimiento, en general (conocimiento del Ser). El contenido de la Biología es el conocimiento de la vida (conocimiento de los seres vivos).

Para distinguir entre objeto y contenido sirve el ejemplo de un cuadro. La Biología es como un cuadro en el que se representan una serie de objetos (un paisaje, por ejemplo). La vida sería, en la comparación, la realidad de ese paisaje. El conocimiento, lo que queda captado de él en el cuadro. La pintura de un paisaje no es ese paisaje. El conocimiento de la vida no es la vida.


A diferencia de la pintura de un paisaje, el conocimiento acerca de la vida, modifica la vida.